El Editorial
Siempre conectados
Hoy en día, es casi imposible encontrar a un adolescente sin el móvil. Lo llevamos a todas partes: al instituto, a la mesa, al baño, a la cama. Es nuestra forma de comunicarnos, entretenernos, estudiar y hasta distraernos cuando no sabemos qué hacer. Pero nosotras, que vivimos esta realidad todos los días, queremos detenernos a pensar si realmente estamos gastando todo nuestro tiempo sin ninguna clase de sentido, solo por estar usando el móvil.
Sabemos que la tecnología no es mala. De hecho, ha cambiado nuestras vidas de formas positivas: nos permite estar informados al instante y estar en contacto con amigos lejanos. Pero también ha traído una nueva forma de dependencia que muchas veces normalizamos. Pasamos horas frente a la pantalla sin darnos cuenta, y mientras tanto, la vida real pasa delante sin darnos cuenta de las cosas que nos estamos perdiendo.
Como adolescentes, también sentimos esa presión. Es fácil caer en la rutina de revisar notificaciones constantemente, compararse con lo que vemos en redes, o sentirnos mejor o peor por la cantidad de likes. Y eso afecta no solo nuestro tiempo, sino también nuestra autoestima, nuestras relaciones personales y especialmente a nuestro descanso. Muchas veces nos cuesta concentrarnos, dormir bien, o simplemente estar presentes en una conversación sin mirar la pantalla cada dos minutos.
Queremos intentar hacer una pausa, como un apagón voluntario, pero obviamente más leve. Queremos volver a tener tiempo de calidad, sin pantallas de por medio. Creemos que se puede aprovechar la tecnología sin perderla cabeza al estar tanto tiempo metidos dentro de ese mundo.
Este texto lo podéis considerar una invitación a revisar vuestros hábitos, para evaluar si también os haría falta un descanso de pantallas.
